Miomas uterinos: huéspedes indeseables

Miomas uterinos: huéspedes indeseables

Los miomas uterinos, también llamados fibromas son tumores no cancerosos formados por músculo liso y tejido conjuntivo (compuesto por fibras de colágeno) que pueden ser del tamaño de la cabeza de un alfiler o mayores al de un melón. Sus causas se desconocen, pero se cree que los estrógenos y la progesterona están implicados en su crecimiento.

Aunque sean de gran tamaño, es posible que no ocasionen síntomas. Éstos dependen de su número y localización en el útero. A veces se presentan molestias, siendo la más habitual la hemorragia prolongada e intensa durante y fuera de la menstruación que, en casos graves, puede durar hasta dos semanas. Esto ocurre debido a que los miomas hacen que aumente la superficie del revestimiento interno del útero y, por consiguiente, que la cantidad de tejido que se elimina durante la menstruación sea mayor.

Los miomas no son causa de infertilidad, pero se convierten en gran problema cuando se desarrollan en mujeres jóvenes debido a que al embarazarse pueden abortar; y, en algunos casos pueden obstruir las trompas de Falopio.

Métodos de diagnóstico

  • Histeroscopía. Procedimiento que usa una fuente de iluminación y un lente dentro de un tubo flexible ligado a una microcámara, el cual se inserta en el útero. Así mismo, permite tomar muestras del tejido para análisis.
  • Ultrasonido. Se pasa sobre el abdomen un transductor, el cual emite una frecuencia de sonido que al chocar con un órgano sólido (como el útero u ovarios) proporciona una imagen que se aprecia en un monitor

Los tipos de miomas

  • Submucosos. Se encuentran bajo el endometrio (capa interna del útero) y, pese a que son el tipo menos común de los fibromas, son los que más problemas suelen ocasionar. Uno muy pequeño es capaz de generar abundante sangrado ginecológico.
  • Intramurales. Se desarrollan en la pared del útero y se extienden hacia adentro, aumentando el tamaño del mismo. Son el tipo más común y pueden producir sangrado menstrual intenso y dolores en el bajo vientre y la región lumbar, así como sensación de presión generalizada.
  • Subserosos. Aparecen en la capa externa del útero y se extienden a través de ésta, dando a la matriz una apariencia nodular (con abultamientos). Generalmente no alteran el flujo menstrual, pero pueden producir dolores en el bajo vientre, en la región lumbar y sensación de presión en el abdomen.
  • Pediculados. Inicialmente crecen como subserosos y se destacan parcialmente del útero, quedando ligados a éste apenas por una pequeña porción de tejido llamada pedículo.

Si los miomas alcanzan gran tamaño, independientemente de la región de la matriz en donde se presenten, podría notarse aumento en el volumen del abdomen y compresión de los órganos vecinos, como la vejiga, el recto y las venas de la pelvis.

Opciones de tratamiento

La mayoría de los fibromas no necesita tratamiento, pero la mujer que los presenta tiene que ser examinada cada 6 o 12 meses. En caso de que aumenten de tamaño y generen síntomas insoportables, será necesario un tratamiento adecuado a la edad de la paciente, tamaño de los tumores y molestias. Cuando la mujer afectada es joven y nunca ha tenido hijos, lo más recomendable es controlar el problema con medicamentos a base de hormonas, pero si los presentan personas que ya están cerca de la menopausia, es conveniente mantenerlas en observación y esperar a que cese la actividad hormonal para que los tumores reduzcan su tamaño.

Recuerda que es muy importante consultar a tu ginecólogo de confianza para descartar cualquier tipo de padecimiento y en caso de que lo haya te pueda brindar toda la información que necesitas para un tratamiento óptimo.

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